Obispa Sharon Christopher entrega discurso episcopal
|
Obispa Sharon B. Christopher entrega su discurso episcopal durante la Conferencia General 2008, en Fort Woth, Texas. Fotos UMNS por Mike Dubose.
|
Por Humberto Casanova*
April 24, 2008 | FORT WORTH, Texas (UMNS)
La Conferencia General es el cuerpo legislativo de la Iglesia Metodista Unida y se reúne cada cuatro años para dar dirección a la misión de la iglesia. En la mañana del 24 de abril, a las 8:30 a.m. la Obispa Sharon Brown Christopher, obispa de la Conferencia Anual Illinois Great Rivers, entregó el “discurso episcopal” que abrió oficialmente las sesiones de la Conferencia General.
El discurso fue entregado en medio de imágenes Power Point, vídeos ilustrando el trabajo de la Iglesia Metodista Unida, canciones de alabanzas y oraciones en muchas lenguas.
En su discurso, Christopher hizo alusión a la precaria situación del mundo y la urgencia de que la iglesia cumpla con su misión. “En todo el mundo”, repitió varias veces para referirse a las injusticias y malas condiciones que reinan en todo lugar.
“En todo el mundo hay líderes nacionales para quienes el poder, el control y los intereses propios tienen prioridad por sobre el bien común del pueblo. En todo el mundo crece el abismo entre el rico y el pobre. En todo el mundo hay guerras que se cometen para provecho de unos pocos y aniquilación de muchos. En todo el mundo los niños son abandonados en las calles, víctimas de la violencia humana y de las enfermedades fatales. En todo el mundo nuestro clima se calienta, mientras los líderes se pelean por ganancias financieras e intereses nacionales”.
Otro énfasis marcado en su discurso fue el hambre “físico, mental y espiritual” que la gente tiene. “La gente tiene hambre de comida, ansiando migajas de pan… hambre de educación, ansiando conocimiento que los capacite… hambre de trabajo y sueldos justos… hambre de libertad de la tiranía … hambre de significado y propósito que no puede ser provisto por la riqueza material… hambre de Dios, tratando de alcanzar aquello que satisface y llena, el amor de Dios dado a conocer por Jesucristo. Nuestros hermanos y hermanas en la familia humana de Dios tienen hambre de esperanza”, citando Romanos 8:24.
|

Dos delegados comparten la Comunión durante el discurso episcopal de la Conferencia General 2008.
|
Ante esta trágica situación, la obispa Christopher llamó a que la Iglesia Metodista Unida lleve a cabo su misión. En la medida que la iglesia recibe “el amor de Dios, revelado en la vida, ministerio, muerte y resurrección de Jesucristo, se llena de esperanza”, y al ofrecer a Cristo al mundo, “ofrecemos esperanza al mundo”, dijo.
La obispa tomó tiempo para demostrar cómo el ministerio de la Iglesia Metodista Unida ya está realizando una obra de esperanza y vida a través de Jesucristo. Entre los muchos testimonios acompañados de vídeos ilustrativos, Christopher contó cómo en la ciudad de Manila, un niño de 12 años, Kent, nació en un cementerio donde vive la gente más pobre que no tiene dónde ir. En las afueras de este cementerio, el Rdo. Allan D. Casuco empezó una congregación metodista unida para servir a la gente en extrema pobreza que vive allí. Este ministerio le provee a Kent y a otros niños comida, techo, ropa y la oportunidad de ir al colegio.
Otro ejemplo de la nueva vida que trae Jesucristo viene de los Estados Unidos, donde Candis Shannon, de Fairbanks, Alaska, ha encontrado esperanza en Jesucristo a los 31 años. Lo mismo se puede decir de John Zirker, un drogadicto que vivía en las calles hasta que encontró esperanza en la comunidad metodista unida. Su vida fue transformada de tal forma, que ha transformado a otros.
Christopher animó a la iglesia a seguir multiplicando la esperanza. La llamó a dar gracias a Dios con himnos y alabanza, pues “en todo el mundo” millones de personas son reconciliadas unas con otras por medio de Jesucristo. Las divisiones de raza, clase e ideología se terminan y la justicia se restaura. Esto se ve en la histórica cooperación de cristianos y musulmanes para salvar vidas ante la catástrofe. Después del terrible tsunami que azotó Sri Lanka, Indonesia y Sudán, el Comité Metodista Unido de Auxilio y la organización Ayuda Musulmana se unieron para servir a los damnificados.
Por otro lado, el trabajo conjunto de metodistas unidos y de presbiterianos está trayendo el espíritu de reconciliación en un barrio al sur de Pittsburgh, Pennsylvania, en los Estados Unidos. La obispa mencionó muchos otros ejemplos de cómo la iglesia está transformando vidas, como el ministerio que se realiza en las cárceles y la renovación de iglesias establecidas.
Christopher mencionó que la iglesia está compuesta por representantes de Dios que hacen discípulos para transformar al mundo. La iglesia conecta a la gente con Dios y su gracia y los envía después de vuelta al mundo a “sanar, proclamar, trabajar por la justicia e invitar a otros a vivir en una relación personal con Jesucristo en el contexto de la comunidad de fe”, afirmó.
La obispa afirmó que la Iglesia Metodista Unida ha estado realizando esta labor durante el pasado cuadrienio, lo cual ha sido demostrado en cómo respondió a los desastres creados por un tsunami en el sur de Asia y un huracán que azotó la costa del golfo en los Estados Unidos. La iglesia estuvo allí en medio de las guerras en el África y en el Medio Oriente.
Pero la obispa Christopher también habló del futuro. Dijo que el Concilio de Obispos ha identificado lo que se ha denominado los “Siete Rutas de Visión” esenciales para el proceso de hacer discípulos. Además, han surgido “Cuatro Áreas de interés” alrededor de las siete rutas.
“Estas cuatro áreas son poderosos conductos por los cuales los metodistas unidos de todas partes pueden expresar su fe. En asuntos críticos, tales como de qué manera crecer y dirigir, cómo nuestra iglesia puede y debe abordar los problemas de la pobreza y la enfermedad, estas áreas de concentración no han sido creadas sólo para el cuadrienio que viene, sino que alcanzan tan lejos como podamos imaginar. En nuestra misión hay un lugar para toda y cada persona metodista unida. ¡El Espíritu de Dios se mueve entre nosotros!”.
Christopher también abordó las divisiones que están dañando a la iglesia. “Las riñas dentro de la Iglesia Metodista Unida están disminuyendo su capacidad para ofrecer esperanza al mundo”, dijo. Nuestras relaciones están quebrantadas. “Seamos de izquierda o derecha, conservadores o liberales, tratamos a nuestros hermanas y hermanos bautizados como si fueran nuestros enemigos. Minimizamos y desfigurados, juzgamos y hasta difamamos a aquellos que no se enlistan en nuestra ideología personal”, dijo.
“Nos abatimos unos a otros como si nuestra salvación dependiese de la destrucción de nuestros hermanos y hermanas cristianos o metodistas unidos. Nos agredimos unos a otros en el nombre de Dios”.
“Vivimos en un mundo dividido, en el cual endurecemos nuestras categorías metodistas unidas, izquierda y derecha, conservador y liberal. De modo que, guerreamos unos con otros en cuanto a la naturaleza de Dios y el papel que Dios juega en nuestras vidas, acerca de la autoridad de la escritura y la identidad de Jesús y nuestra relación con él. Combatimos con gran celo unos contra otros en cuanto a los problemas sociales complejos del día de hoy. Nos agredimos unos a otros en el nombre de Dios”.
La obispa hizo ver que mientras la iglesia se pelea, pasa por alto que hay mucha gente que no tiene qué comer y que tiene hambre de salvación. “La búsqueda febril por tener la razón tiene más importancia que las buenas relaciones. Y nos agredimos unos a otros en nombre de Dios”.
Las relaciones quebrantadas y el endurecimiento de posiciones hacen que la iglesia esté sorda al clamor del prójimo. “No escuchamos las ansias espirituales de la gente en nuestro medio. No los escuchamos porque sentimos la necesidad de convencerlos del camino ‘correcto’ basado en nuestras fórmulas teológicas cuidadosamente estipuladas. Seamos de derecha, de izquierda o centro, todos somos culpables. No oímos y menos escuchamos los anhelos del corazón de nuestro prójimo. Nuestras propias necesidades nos ensordecen a las necesidades de los demás”.
La obispa llamó a que todos los presentes examinen su corazón y con valentía reconozcan su complicidad en cómo la iglesia declina, es distraída de su misión y se divide. La buena nueva es que Dios nos ama y nos perdona en Cristo. Christopher recalcó la necesidad de perdonarnos unos a otros para trabajar juntos.
La obispa afirmó que la clave para el futuro de la iglesia está “en nuestros genes wesleyanos,” basados en el Gran Mandamiento de amar a Dios y al prójimo. Según Wesley, tres simples reglas gobiernan nuestras relaciones: “no hagas daño; haz el bien; y mantén tu amor a Dios”. Según Christopher, estas tres simples reglas transformaron la vida de gente de todo estrato social, formando un movimiento que transformó a Norte América. Estas reglas son el fundamento del hacer discípulos para la transformación del mundo y nos llevan a “transcender nuestras diferencias para movernos juntos en nuestra diversidad y alcanzar a quienes están hambrientos física, mental y espiritualmente”. Estas reglas crean límites sanos en nuestro “santo conferenciar”, sea donde sea que estemos, y muestran al mundo cómo relacionarnos en Jesús.
La obispa oró por el poder del Espíritu para que la Iglesia Metodista Unida sea un modelo que el mundo pueda contemplar, viendo que vivimos en gracia y responsabilidad no haciendo daño, haciendo el bien y amando a Dios. Tenemos que ir al mundo encarnando estos principios para traer esperanza y amor.
Christopher invitó a todos a firmar una tarjeta que contenía los 3 principios de John Wesley, como un pacto entre todos los presentes. El discurso terminó con el servicio de la Comunión. |